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Vivir con psoriasis
La psoriasis es una enfermedad crónica de la piel, recurrente y no contagiosa. La piel se inflama produciendo unas placas rojas engrosadas, con descamación plateada, localizadas normalmente en el cuero cabelludo, codos, rodillas y zona baja de la espalda. Afecta con frecuenta a las uñas y en un 30% afecta a las articulaciones. La psoriasis aparece en forma de brotes. Los principales síntomas mostrados por las personas que padecen esta enfermedad son: • Área rosada o roja en la piel cubierta de manchas blancas escamosas. • Ronchas, especialmente en el cuero cabelludo, codos, rodillas y espalda. • Picor y dolor en el área con ronchas. • Al principio las manchas son pequeñas, luego se extienden y cubren áreas mayores de la piel. Se estima que 100 millones de personas en todo el mundo conviven con el problema de la psoriasis, viendo seriamente afectada su vida cotidiana. Suele aparecer entre los 15 y los 35 años, aunque se puede presentar a cualquier edad. La edad media es de 29 años, con una cierta tendencia a comenzar antes en las mujeres que en los hombres (28 años en las mujeres y 32 en los hombres). Se manifiesta con evidentes signos físicos como picores, enrojecimientos y lesiones escamosas, engrosadas e inflamadas, variando la extensión de la piel afectada de unas personas a otras. La psoriasis en placa es la forma más común, aunque también puede aparecer en forma de gota o, como un enrojecimiento extenso que afecta a gran parte de la superficie cutánea. Es frecuente la aparición conjunta de psoriasis y artritis psoriática, con aparición de dolor, rojez e hinchazón de las extremidades de los dedos de las manos y los pies. Los síntomas físicos más comunes de la psoriais son: escamas, picor, inflamación superficial de la piel, piel infiltrada, sangrado, quemazón, y fatiga. Además de los signos externos, la psoriasis tiene un importante impacto sobre la calidad de vida de los pacientes, pues afecta muy seriamente al desarrollo de las actividades cotidianas y posee un marcado componente de afectación psicológica: cuadros depresivos, aislamiento, rechazo estético, social y laboras, vergüenza, etc. Algunos pacientes incluso sufren trastornos del sueño, tienen dificultades sexuales, se visten condicionados por la enfermedad, afecta significativamente en sus actividades diarias, se sienten inseguros, sufren ansiedad, requieren tratamiento psicológico, disminuyen su actividad física, evitan reuniones sociales o de trabajo y tienen prohibida la entrada a piscinas. El dermatólogo es quien individualiza el tratamiento en función de cada paciente: gravedad de la enfermedad, historial médico, estados de ánimo, etc., aplicando más tarde tratamientos tópicos, fototerapia, tratamientos sistémicos o nuevas terapias. Aunque la psoriasis no se cura, en la actualidad existen medicamentos que permiten controlar la enfermedad y por lo tanto, mejorar calidad de vida del paciente. Lo más novedoso son los tratamientos biológicos basados en proteínas dirigidas de forma específica contra los mecanismos que producen la enfermedad. La administración de este medicamento logra blanquear la piel, controlar las manifestaciones y la progresión de daño articular producido por la artritis psoriásica.

Escrito por:Cielo Alcantud García.Lda. en Química y Profesora del Centro de F.P. La Planilla.

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