| Pezqueñines no, gracias. ¡Hay que dejarlos crecer! |
| Es la machacona y correcta propaganda que recibimos por la televisión.
Y nada más razonable. Todo lo que se diga es poco. Si destruyes a los pezqueñines, nunca tendrás peces grandes.
Es maravilloso ver cómo luchan algunos, mejor dicho, muchos, para conseguir la aplicación de la justicia en todas partes, en todas las sociedades.
Su meta es el hombre, es la dignidad humana. Es maravilloso contemplar a esas personas, despojadas de egoísmo, que dejan jirones de sus vidas en el intento de buscar la justicia para todos.
Esto es lo que hacen todas las madres y padres que aceptan la gran dignidad de tales, aunque sea a costa de grandes sacrificios.
Porque la procreación supone, ante todo, mucho sacrificio; pero también lleva consigo muchas alegrías. Y por todo ello debe ser un acto desinteresado, un acto de amor.
Pero volvamos ahora al tema que nos ocupa: ¿Dónde está la justicia en el aborto? ¿Dónde están los derechos del no nacido?
Si se piensa durante unos minutos en el hecho de la injusticia que se produce en el aborto, estoy segura de que aparecerá clara la triste situación de la total indefensión del inocente, de la total falta de respeto ante los más elementales derechos, siendo el principal, el derecho a la propia vida.
Porque no puede haber mayor injusticia que pisotear y matar al inocente, al débil, al indefenso.
|
|